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Aquí compartimos historias, consejos y novedades sobre nuestra leche infusionada con lavanda, para que disfrutes cada sorbo con calma y bienestar.
¿Sabías que...?
La palabra "lavanda" proviene del latín lavare (lavar). Aunque hoy la bebemos para limpiar el estrés, los antiguos romanos la usaban en sus baños para purificar el cuerpo y la mente antes de dormir.
Se dice que la Reina Victoria de Inglaterra era una fanática absoluta de la lavanda. La usaba en su té, en sus sábanas y hasta para limpiar los suelos de palacio porque creía firmemente en sus propiedades para calmar los nervios. Ademas, el color lila/morado de la lavanda está asociado psicológicamente a la espiritualidad y la calma. Ver el color mientras bebes la infusión refuerza el efecto placebo de relajación en tu cerebro.


Existen más de 40 especies de lavanda. La que usamos para la leche es la Lavandula angustifolia (lavanda inglesa), que es dulce y floral. Otras variedades pueden saber a jabón o ser demasiado amargas.
En la Edad Media, se ponían ramitas de lavanda debajo de la almohada para ahuyentar los malos sueños. Hoy, hacer una "Moon Milk" de lavanda es la versión moderna y deliciosa de esa antigua tradición.
Además de relajarte, la lavanda tiene propiedades polifenólicas (antioxidantes) que ayudan a tu cuerpo a combatir el envejecimiento celular mientras descansas.
